El carnet que vende Puigdemont se autodestruye en 8 segundos

El puto carnet de mierda ese que vale 12 euros encima explota según 11 de cada 10 usuarios, o compradores, ya no sabemos como llamarles.

Carles Puigdemont
Carles Puigdemont está como un niño con identidad digital destruible.

El carnet que vende Puigdemont se autodestruye en 8 segundos, el nuevo invento de Carles Puigdemont tiene fecha de caducidad.

El ex Presidente de la Generalitat y prófugo de la justicia ha hecho estas bizarras declaraciones al periódico con menos lectores de toda Valonia.

Ayer ya avisábamos que la nueva Identidad Digital Republicana no serviría para una puta mierda, pero lo que hemos averiguado hoy nos ha dejado anonadados.

La puta tarjeta de mierda que cuesta 12 euros se ve que se autodestruye a los 8 segundos de su entrega.

Sólo es una cuestión de seguridad en la información, pero nuestros monos beodos se han enterado de ello, oye.

NUESTROS PRIMATES COLABORASORES VIAJAN HASTA WATERLOO EN ESE PAÍS PARA PEDIR EXPLICACIONES A CARLES PUIGDEMONT:

El pelucas ya fue noticia hace pocas horas por tener la tarjeta con la que comprar coles de Bruselas, pero ya vuelve a estar en la cresta de la ola. Como Fernando Simón.

Nuestros primates colaboradores viajan raudos, ebrios y pizpiretos hasta la Ciudad Condal para recabar más información sobre el particular.

Carles Puigdemont niega que eso sea verdad, pero a nosotros la tarjeta esa de mierda nos explotó a los 8 segundos de comprarla.

El carnet que vende Puigdemont se autodestruye en 8 segundos, eso es lo que queremos averiguar.

«Hola monos, no hagáis caso a las habladurías fascistas de la peña, esta tarjeta no se autodestruye a los 8 segundos, como la República Catalana, eso se lo han inventado nuestros enemigos», nos explica el despeinado Puigdemont.

Desde Paren las rotativas, como siempre al pie del cañón, les seguiremos informando de todas las novedades que acaezcan a lo largo y ancho del orbe.

Hasta más ver, amiguitos.

Paren las rotativas es el peor medio del mundo, pero al menos hacemos gracia.